Seis poblanos mayores de 65 años reciben reconocimiento por preservar tradiciones que podrían perderse

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Mientras muchas tradiciones sobreviven gracias a quienes las aprendieron de sus padres y abuelos, seis personas de Puebla recibieron el nombramiento de Tesoros Humanos Vivos 2026, por mantener conocimientos que forman parte de la identidad de sus comunidades. El reconocimiento se entregó el pasado 23 de octubre en la Casa de la Cultura de Puebla, pero el verdadero reto es que estos saberes no se queden solamente en manos de sus portadores.

Entre las personas distinguidas está Estela Velázquez, de Huehuetlán el Grande, quien elabora petates y otros artículos de palma; Matías Heriberto González Márquez, de Zapotitlán Salinas, quien conserva las técnicas tradicionales de extracción de sal, y José Guadalupe Campos López, de Cuautempan, dedicado a preservar la música de la danza de Los Negritos y otros sones de su comunidad.

También fueron reconocidos Agapita Marín Urbano, de Tepexi de Rodríguez, por sus conocimientos de medicina tradicional; Francisco Rodríguez Rodríguez, de Pantepec, quien conserva los sones tradicionales de su localidad, y Enrique Méndez Hernández, de Puebla capital, por su trabajo artesanal en la elaboración de máscaras de carnaval.

Las seis personas tienen más de 65 años y fueron seleccionadas mediante una convocatoria de la Secretaría de Arte y Cultura estatal, con respaldo del programa federal Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura. Sus oficios y conocimientos van desde la artesanía y la música hasta prácticas medicinales transmitidas entre generaciones.

Durante la ceremonia, el secretario de Arte y Cultura, Fritz Glockner Corte, planteó la posibilidad de duplicar el número de reconocimientos para 2027. La propuesta abriría la puerta a distinguir a más portadores de conocimientos tradicionales, aunque el desafío va más allá de entregar nombramientos: ¿cómo garantizar que las nuevas generaciones aprendan estos oficios, técnicas y expresiones culturales antes de que dejen de practicarse?

Porque reconocer a quienes mantienen vivas las tradiciones es importante, pero conseguir que esos saberes tengan continuidad también requiere espacios para aprenderlos, practicarlos y transmitirlos. Al final, el patrimonio cultural no solo se conserva en museos o fotografías: también vive en las manos de quienes todavía saben hacerlo.

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